jueves, 11 de octubre de 2012

El cuento como Estrategia Didáctica. Valioso aporte a cargo del profesor Benjamín Velásquez Gutiérrez


Por: Profesor Benjamín Velásquez Gutiérrez

SESIÓN DE APRENDIZAJE Nº ___

I.-           DATOS INFORMATIVOS:
1.1.- Nombre de la sesión          : “El comercio de esclavos africanos entre los siglos XVI al XVIII”
1.2.- Área                                           : Historia, Geografía y Economía.
1.3.- Grado y sección                    : 3ro.
1.4.- Duración                                  : 90 minutos
1.5.- Responsable                          : Lic. Benjamín Velásquez Gutiérrez.

II.-          PROPÓSITO:
Capacidad
de Área
Capacidades Específicas
Valores

Tema Transversal

Manejo de información

Identifica por qué se dio el comercio de esclavos africanos entre los siglos XVI al XVIII”

Justicia.

Educación para la convivencia, la paz y la ciudadanía.


III.- SECUENCIA DIDÁCTICA:
Momento
Actividades
Recursos
Tiempo

Inicio
- Motivación

- Recojo de
Saberes previos

- Creación de conflicto cognitivo

- Reflexión.

- El docente presenta la imagen sobre un grupo de negros que son llevados encadenados por personas blancas
- Se explora los conocimientos previos con las siguientes preguntas:
   ¿Qué observas en la imagen?
   ¿En qué condiciones se encuentran?
   ¿Por qué crees que los llevan encadenados?
- Los aportes de los alumnos se toman en cuenta,  para en base a ellos enunciar el tema y mencionar los aprendizajes esperados.
Conflicto cognitivo: ¿Por qué se dio el comercio de esclavos africanos entre los siglos XVI al XVIII?


Alumnos

Imagen sobre la esclavitud

Carpeta de trabajo







10´




Proceso
Contrastación de saberes previos.

Nuevo conocimiento.


- El docente utiliza el cuento de “El Guandur” como herramienta didáctica para introducir el tema “El comercio de esclavos africanos entre los siglos XVI al XVIII”
- Se les entrega a los alumnos una copia del cuento “El Guandur” y se procede a su lectura.
- Terminada la lectura se procede a realizar las siguientes preguntas:
   ¿Quién fue Nolasco?
   ¿Por qué lo traían a Paita?
   ¿Lo traían solo?
   ¿Qué trabajos iba a realizar Nolasco en la hacienda Monte de los Padres?
¿Cómo escapó y sobrevivió Nolasco?
¿En qué se convirtió Nolasco?

- Utilizando las respuestas de los alumnos, el docente empieza a construir un mapa conceptual en la pizarra y lo toma como herramienta didáctica para fijar el aprendizaje, de:
¿A qué obedeció el comercio de esclavos africanos?
¿Cuál fue la ruta que siguieron hasta llegar al Perú?
¿Para qué traían a estos africanos a nuestras tierras?
….

Cuento
“El Gandur”


Pizarra

Tizas de color





Mapa conceptual


Planisferio





15´



10´








10´






EL GUANDUR
Tomado de: “De nuestra Tierra” autor: chocobanco
Nolasco, un mozuelo esclavo mandinga de cabellera rizada y atizada, entremordía sus labios gruesos e imponentes dejando ver sus ordenados dientes blancos. La poca prominencia de su nariz la hacía ver como aplastada. Sus ojos los cubría una estela cristalina y, con esa mirada de tristeza vaga, seguía el discurrir lento de las aguas de la Quebrada de las Damas.
Sació su sed y fue a ocultarse entre los  matorrales que crecían al lado de la ribera de la quebrada. Cerca, estaba el paraje que conducía a la Hacienda Monte de los Padres. Y así, echado entre esos matorrales, recordaba la forma cómo había sido tratado en la plantación de café, allá en Choco, departamento de Popayán, un centro negrero colombiano. Los recuerdos hacían que sus ojos los cubriera esa estela cristalina.
Su cuerpo atlético era de estatura mediana, elevándose en él, los lomos de las cicatrices que deja el flagelar de la entretejida verga toral. Sabía de la amargura de los trabajos forzados, de aquellos que inflan los pechos y narices, resecando y quemando la garganta por el odio contenido e impotente de sufrir pujando dolores ajenos, atinando sólo a soportarlos en silencio. Ese tipo de sufrimiento lo convirtió en rebelde y a la vez, en una amenaza para el dueño de la plantación de cafetos. No tuvo que pensarlo mucho y en la primera ocasión lo vendió, junto a otros esclavos, al negrero Francisco Távara, vecino de Piura.
-  ¡Tendrá cuenta don Francisco, de este negro Nolasco!, ¡es muy fiero, no es de fiar!, ¡mírele sus ojos y el encrespado de sus cejas! ¡Parece una fiera a punto de saltar sobre su presa!
- ¡No se preocupe don Mengual! ¡Se cómo se doman estas fieras! ¡Látigo, grillo y cepo los hacen doblegar! ¡Ya verá, usía!

Engrilletado, fue transportado desde esas lejanas tierras cafetaleras hasta Paita. Había sido vendido a Joaquina  del Castillo, dueña de la hacienda Pabúr, quien tenía sus linderos con la de Morropón. Ese era su destino. Su nueva ama, lo envió a las plantaciones de la hacienda Monte de los Padres.
Nolasco vivía siempre al acecho. Sabía que le esperaba sólo látigo y más trabajo. Así fijó en su mente el deseo de escapar. No soportaba la vida de animal que le daban.
- ¡Amárrenlos con las manos hacia atrás y quítenles los grillos para que puedan caminar más ligero!, fue la orden del negrero Francisco Távara, quien montado en mula, encabezaba la caravana de negros esclavos que caminaban de Pabúr hacia la hacienda Monte de los Padres. No quería que lo cogiera la noche.
- ¡Avancen bestias, más rápido, más rápido! Era la orden del capataz. Nolasco esperaba su momento.

Frente a ellos, la Quebrada de las Damas, cubría su lecho con enturbiadas aguas. El negrero los miró y ordenó que sigan igual. Sin grilletes, pero con las manos hacia atrás y amarradas. Ordenó que abordaran sólo ocho el bote que los llevaría al otro lado. Nolasco quedó para el segundo grupo. Miraba como se hundía la pala larga y estrecha en las aguas de corriente ligera. El primer grupo llegó al otro extremo del cauce, donde los esperaba el capataz con otros esclavos que engrillaban otra vez sus piernas por encima de los tobillos, haciendo su marcha lenta.
Nolasco tomó asiento cerca del borde del bote. Sintió la humedad que estaba impregnada en la madera. El viento fresco le acariciaba el rostro. Cerró sus ojos y entró en sus recuerdos. Y cómo si hubiese calculado el tiempo, los abrió, estando en medio del cauce. Simulando, dio un suspiro profundo y se arrojó  penetrando el manto tenue de las aguas. No lo vieron salir y de ahí no se supo más.
Negrero y capataz se miraban asombrados. No se atrevieron a rescatarlo; además, que no se lanzaron porque no dominaban el nado
¿Cómo se descuidaron? ¿Qué dirían a la Señora? Un negro no sabe nadar y daban por descontada su muerte. Se les descontaría de su pago.
Había soportado sin respirar todo el tiempo posible, calculando emerger lo más lejos que sus pulmones y su deseo de libertad le permitieron. Aún dentro del agua, chapaleo y chapaleo buscando la orilla, donde comenzó con sus dientes a asirse de las ramas. Sí que sabía nadar el mandinga y demostró ser un buen buceador. Nolasco, muy cansado se quedó dormido entre los matorrales; sin querer se había convertido en un cimarrón, como llamaban a los esclavos que huían.
Pasaban los días y podía dormir como él quería. A pesar que lo necesitaba, no podía darse tan deseado momento. Debía estar alerta. Sospechaba que lo estaban buscando. Así pasó la noche entre la protección de los matorrales. Casi al amanecer el sueño lo vencía. Su descanso no era prolongado. Despertaba asustado mirando a uno y otro lado, su oído también estaba agudo. Sereno ya, bajaba sigilosamente a la quebrada, que a partir de aquel día, se había convertido en su cómplice protectora.
Mirando el discurrir de las aguas, y con ese silencio cauteloso, empezó a explorar y acercarse hacia la hacienda. En su caminar, a salto de mata, tomó el rumbo que su intuición le señalaba. Cerca de la hacienda, se paró asustado y volvió la mirada para buscar un sitio donde ocultarse. Escuchaba voces cada vez más cercanas. Asomó para emprender la huida, pero volvió a solaparse. Había reconocido a la Ambrocia, una negra letrona que bordeaba los 18 años y que había sido compañera de viaje. Ella, bajaba con otras dos negras: Candelaria y Baltazara, que con batea de mate, traían ropa para lavar en la quebrada. Nolasco no quiso ver más y se dejó caer lentamente en el suelo, sin atinar que hacer.

¡Sea notorio que yo, el ciudadano Pío Mengual! ¡Vecino de Choco, departamento de Popayán, estado del centro de la República de Colombia! ¡Declaro que vendo a don Francisco Távara, vecino de la ciudad de Piura, en virtud del permiso dado por el Jefe Supremo, don Felipe Salaverry en su Decreto del 10 de marzo del corriente año de 1835!, ¡nueve esclavos de mi propiedad! !Nombrados, Narciso de 50 años de edad, Muyula de 35 años, mujer de Narciso; una hija de ambos de tres años de edad; Nolasco de 20 años; Santos de 35 años y soltero…!
Recordó la forma cómo fue vendido y luego unido a otros grupos de esclavos. Allí conoció a Ambrocia. Esos recuerdos despertaron la tristeza de haberlo separado de su familia y casi impotente dejó salir unos lastimeros quejidos.
¡aaahh, aaaahh, aaaaahhh! Las negras letronas se percataron de los quejidos y mirándose, se interrogaron para luego mover muy despacio la cabeza, señalando en silencio el sitio de dónde había salido el quejumbroso llanto. Ambrocia se dirigió muy despacio a los pequeños arbustos y encontró al negro Nolasco. Asustada, trató de huir pero fue detenida por el brazo recio de Nolasco.
¡No, no!, y meneando la cabeza le pedía que no lo delatasen, ¡No, no!...
Por varios días, Nolasco se alimentó de frutos y bebiendo agua de la quebrada. Las letronas no lo habían delatado. Eso lo animó a acercarse más, pero siempre cuidaba de no ser visto. Siempre oculto y protegido por las sombras de la noche, logró mirar con detenimiento las barracas de los negros y negras esclavas; unos sentados en el suelo y otros tarimas de caña de guayaquil. Miraba cómo algunos negros se posesionaban alrededor del fuego y comían pasándose un depósito de donde extraían algo que llevaban a la boca.
A su regreso, en su escondite, el negro Nolasco se encomendaba a Hogún, dueño de los caminos. Ello lo había escuchado de sus padres.
¡Hogún, Orichá de la forja, del hierro, de la guerra, de los cazadores, dueño de los caminos!
¡Echú, Elesfara, señorío del hierro!
 ¡Eguñé, protégeme poderoso Hogún!
Nolasco observaba a las negras letronas, quienes después de lavar la ropa jugueteaban en las aguas de la quebrada lanzándose manotadas de agua mientras se bañaban. Nolasco seguía sus movimientos. Las letronas salieron del agua y marcharon a la hacienda llevando los mates de ropa en sus cabezas. Nolasco se percató que habían abandonado un mate envuelto en trapo blanco. Se acercó sigilosamente y al desamarrarlo encontró carne de carnero, queso y maíz tostado, miró a todos los lados tomando precaución por sí regresasen, pero se dio cuenta que las negras letronas lo habían dejado para él.
Nolasco sabía el día en que bajaban a lavar la ropa. Ambrocia se percató del mate envuelto que había dejado con comida, pensó que el negro cimarrón no lo había tocado, pero grande fue su sorpresa cuando al desamarrarlo encontró unas flores amarillas de overal muy bien acomodadas. La letrona miró hacia el matorral y encontró los ojos negros y hermosos de Nolasco, cuyo rostro recio, poco a poco fue ablandando para simular una sonrisa que apenas mostró sus dientes blancos.
- ¡Ochún, Orichá de las aguas dulces, símbolo de la fertilidad y de la procreación, graciosa, sensual, recibe estas flores amarillas!
- ¡Orad, ye, ye, ohh… Ochún, mi diosa Ochún! Era la imploración de Nolasco quien quería que le ayudara con Ambrocia, y así fue, a tal punto que ambos decidieron estar juntos y Nolasco recolectó muchas flores amarillas de overal que crecían a lo largo de la ribera de la quebrada e hizo su santuario para, en un ritual a su creencia, poseer  a Ambrocia.
- ¡Orad, ye, ye ohh, Ochún, mi diosa Ochún!
- ¡Orichá de las aguas dulces! ¡Recibe mi ofrenda, Ochún! Luego, puso una corona de flores amarillas en el cuello de Ambrocia y sellaron su entrega final.
El embarazo de Ambrocia llamó la atención al capataz, quien la empezó a vigilar. Un día la siguió sin despertar sospecha y se sorprendió al ver al negro Nolasco, aquel que se había arrojado al agua y dieron por muerto. No pudo contener su rabia, pero se contuvo y pensó en tenderle una celada; ya que si actuaba en ese momento, otra vez podía escapársele.

El capataz urdió un plan para atrapar a Nolasco.
Cierta noche fue con varios hombres y esperó a que Nolasco saliera a encontrarse con Ambrocia y cuando éste abrazaba a su letrona, lo rodearon y  se escuchó la amenaza del capataz.
- ¡Negro bestia! ¡Hasta que por fin te encuentro! y sacando su viejo mosquete, disparó hiriendo a Nolasco en el estómago.
- ¡Atrapen a ese negro desgraciado y engríllenlo! Pero Nolasco era recio, y empujando con el brazo a sus seguidores los arrojó al suelo,  aprovechando ese momento para lanzarse hacia las aguas de la quebrada, volviendo a desaparecer de sus negreros. 

- Nolasco, ¡huye, huye! El negro Nolasco al monte fue a parar, porque no quiso ser esclavo, quería su libertad y le pidió a los santos de su devoción que lo salvaran del látigo rudo del capataz.
- ¡Nolasco huye, huye, huye…! ¡Nolascooooooo!

Los lugareños de lo que fue la hacienda Monte de los Padres dicen que el alma de Nolasco es el que cuida de los cerros. Se le conoce como el guandur, mitad humano y mitad cabra. Se alimenta de miel y de la leche del ganado que pasta en los cerros.
Cuento: “El Guandur”
Preguntas Básicas:
Ø  El cuento cumple el papel de enfocarnos cómo se presentó el comercio de esclavos en nuestra Región Piura
Ø  La época es entre los siglos XVI al XVIII
Ø  La finalidad del cuento, es dar respuesta a la presencia de los afrodescendientes en zonas como Yapatera, Chulucanas, Morropón, Salitral y otros.
Ø  Los elementos sagrados, están marcados por los dioses que traían en su cosmovisión los afros.
Ø  Los elementos mágico-religiosos, se relacionan con los ritos, creencias y adoración de sus dioses.
Ø  En la actualidad, aún los lugareños piensan que el “gandur” sale por los cerros de Pilán en Solumbre, Piura la Vieja, así como en el cerro negro, frente al caserío de El Porvenir.

Curso: Estrategias de Enseñanza aprendizaje para el Área de HGyE
Docente: Roxana Hernández García

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